Mesa Redonda - Fernando Conesa Cegarra

Tópicos y realidades sobre Transferencia de Conocimiento en España

Uno de los tópicos sobre el sistema de innovación en España es que somos una potencia en investigación (posición 11 en el número de publicaciones científicas) pero tenemos malos resultados en innovación[1]. Los indicadores sobre publicaciones son bastante claros, pero los que refieren a los malos resultados en innovación son algo más difusos. Por un lado, se suele acudir al número de patentes solicitadas en alguna oficina de patentes (posición 20 en número de solicitudes de patentes en España por residentes -posición 23 si incluimos a no residentes-, posición 18 en número de solicitudes PCT en España [2]), si bien las patentes, que la mayor parte no se explota, poco informan sobre innovación. También se utilizan índices complejos de medición de innovación (posición 19 en el European Innovation Scoreboard [3], posición 34 en el Global Competitivity Index[4]).

De manera casi automática esta valoración se traslada al sistema universitario español en los siguientes términos: los investigadores universitarios tienen una producción científica excelente a nivel global y las universidades transfieren poco conocimiento a las empresas. Sin embargo, apenas hay comparativas internacionales que muestren indicadores sobre el rendimiento de las universidades españolas en materia de transferencia de conocimiento. Ello es comprensible dada la ausencia de indicadores tan estandarizados como lo son las publicaciones en revistas indexadas para la ciencia, o las patentes para la innovación. No obstante, se da por hecho que esto es así, probablemente, porque es la percepción subjetiva que tienen muchos conocedores del sistema de innovación español. En cualquier caso, sería deseable disponer de datos que dieran soporte a esas opiniones.

Salvo algunos países como el Reino Unido, con tradición en la recogida de información sobre tercera misión de las universidades, las principales fuentes de información sobre transferencia de conocimiento académico las proporcionan las asociaciones y redes que agrupan a las oficinas y profesionales de transferencia. En España, RedOTRI-CRUE realiza esta recogida de información desde hace muchos años, la cual da lugar a un informe anual y es fuente para análisis publicados por otros[5].  A nivel europeo ASTP recaba y publica información similar y en EEUU es AUTM la que viene acometiendo desde hace más de 25 años una encuesta anual sobre licencias académicas.

Si bien, muchas preguntas de estas encuestas son similares, las prácticas en transferencia de tecnología que se dan en cada país son muy diferentes, condicionando, incluso, la propia comprensión de dichas preguntas. No obstante, merece la pena comparar internacionalmente datos disponibles sobre transferencia de conocimiento académico, con las reservas y puntualizaciones que sean necesarias.

A continuación, se presentan datos recabados por las tres entidades mencionadas. Los datos corresponden al año 2016, que es el más reciente para la información publicada por ASTP. La recogida de información en el caso de esta asociación europea es, en algunos casos, directamente de sus miembros, pero, en el caso de contar con asociaciones nacionales vinculadas, tal recogida se hace, en lo posible, vía dichas asociaciones o incluso a partir de la información proporcionada por la administración. Por este motivo, la información de ASTP es desigual en cuanto a países representados en la misma. Por otro lado, la información de AUTM refiere a unas 200 entidades, mayormente universidades, pero también otras instituciones académicas como los laboratorios federales o los hospitales que realizan investigación. En este sentido es semejante a ASTP. Sin embargo, no refleja el conjunto universitario norteamericano, con más de 4.000 instituciones de muy diversa índole, sino sólo de las que son activas en investigación y transferencia de conocimiento. En el caso de REDOTRI-CRUE la información refleja el conjunto de las universidades españolas, pero no a otros centros de investigación.

Sujeto a las precisiones que se indican más abajo y buscando aspectos significativos sustanciales que no se vean alterados por el hecho de que algunas cifras no se obtengan con el mismo método, la comparación de las tres fuentes de información se refleja en la Tabla 1. En la tabla se recoge el total reportado del indicador, pero también el número de instituciones que responden a cada uno de ellos, muy desigual según país en el caso de ASTP, y la media por institución que resulta de ambos datos. En el caso de AUTM y REDOTRI-CRUE, en que se dispone también del dato sobre el volumen captado de financiación para I+D (1.474M€ en el caso español y 66,9B$ en el norteamericano), la tabla recoge también el indicador de transferencia en relación a la inversión en generación de conocimiento, lo cual permite homogeneizar dichos indicadores de mejor forma que en relación al número de entidades, las cuales pueden tener tamaños muy diferentes.

La información de AUTM sobre investigación contratada se reduce al volumen de financiación de la misma, que además se presenta como una parte pequeña de la financiación de la I+D (6,8%) que obtienen las instituciones norteamericanas. En esta fuente no se detalla, como hacen ASTP y REDOTRI-CRUE, si tal financiación es para investigación subcontratada, colaborativa o para actividades de consultoría experta. En EEUU y otros países, esta última, frecuentemente, se realiza fuera del marco universitario.

Al contrario de lo que sucede en España, en EEUU los “sponsored research agreements”, que son el instrumento de investigación académica para las empresas, no suelen asignar a éstas la titularidad de las patentes obtenidas, sino una opción de licencia sobre las mismas. que posteriormente puede ser ejecutada. En Europa, las opciones de licencia son mucho menos utilizadas, como sugiere el hecho de que más de dos terceras partes de los encuestados no reportaran ninguna.

Es conveniente destacar que las cifras incluidas en la tabla no permiten ver que hay casos muy singulares, que distorsionan notablemente los valores medios. De hecho, ASTP reporta 36 “outliers” en los diversos indicadores utilizados. Así, en el caso de la información recogida por ASTP una única entidad reportó más de 24.000 licencias, más del 50% de las reportadas por los 422 entidades que contestaron, y un tercio de las mismas no indicaron ninguna licencia. Igualmente, la mitad de los ingresos por propiedad industrial se concentran en el 1% de los encuestados y más de la cuarta parte de éstos reportan que no han tenido ingresos de ese tipo. AUTM también destaca algunos comportamientos outliers procedentes de ventas de participaciones en start-ups o litigios por patentes, y que son considerados como ingresos por licencias. En España estas situaciones se dan en menor medida (un tercio de las universidades captan un 70% de los ingresos por transferencia), lo que revela un colectivo universitario más homogéneo que en otras latitudes.

Dicho lo anterior, el principal interés de este artículo es confirmar, o no, con indicadores, el supuesto pobre comportamiento de las universidades españolas en transferencia de conocimiento. Los datos reflejan que, en términos medios por institución, los resultados de transferencia de las universidades españoles son peores que los que recoge ASTP para Europa y AUTM para EEUU. Sin embargo, tales datos no son tan deficientes si se miden en relación a la financiación que captan las instituciones para hacer investigación, es decir cuando se ve la relación output versus input. En este tipo de parámetro, la comparación se limita a los datos ofrecidos por REDOTRI-CRUE y AUTM.

Tabla 1: Comparación internacional de resultados de transferencia de conocimiento. Año 2016

[ver tabla]

Así, el número de comunicaciones de invención o de solicitudes de patentes por euro captado para investigar es sensiblemente mejor en las universidades españolas que en las instituciones norteamericanas. Lo mismo sucede con el número de licencias, el número de spin-off o la investigación contratada por la industria. La excepción a este comportamiento está en los ingresos derivados de la propiedad intelectual. En el caso norteamericano tales ingresos, en proporción a los recursos económicos invertidos, son notablemente superiores a los reportados por las universidades españolas.

Es importante destacar que los datos de desempeño en transferencia de conocimiento reflejan, cuando se miden en términos relativos a los recursos invertidos, un mejor comportamiento español frente al norteamericano cuando se trata de ingresos por contratos con la industria y un peor comportamiento cuando se trata de ingresos por licencias. Pero si sumamos ambas rúbricas de ingresos, el resultado de las universidades españolas es de 0,158€ por cada euro de financiación de investigación, mientras que en EEUU es de 0,102€.

Siendo este dato sorprendente porque podría contradecir la opinión generalizada sobre el mal rendimiento de la transferencia de conocimiento en las universidades españolas, creo que la conclusión principal a extraer no es que tengamos un desempeño razonable. Sí que es importante tomar nota del dato para matizar cómo está siendo el rendimiento de las universidades españolas en esta materia, pero es importante fijarse en otras conclusiones que reflejan estos datos. Si bien destaca de manera especial la enorme financiación para I+D con que cuentan las instituciones norteamericanas, me detendré en otros aspectos, más centrados en la actividad de transferencia de conocimiento.

La más relevante, a mi juicio, es la dificultad que hay en las universidades españolas para explotar la propiedad intelectual e industrial. Dejando aparte la ratio relativa a la financiación de I+D, las cifras absolutas de licencias y de ingresos por licencias resultan anormalmente bajas en dichas instituciones. Creo conveniente generar un debate sobre ello para analizar sus causas y las posibles soluciones.

En primer lugar señalaría el sistema de incentivos que tienen las universidades españolas como uno de los motivos que pueden explicar este comportamiento. La posibilidad de aumentar las retribuciones de los académicos derivada de los llamados contratos art. 83[1] les genera un incentivo con características muy singulares, que decanta su interés a favor de los contratos de I+D y consultoría con terceros, como mecanismo de transferencia de conocimiento, frente a las licencias. De hecho, la Tabla 1 muestra que es en estos instrumentos donde España presenta un mejor comportamiento en transferencia de conocimiento. Se trata de un incentivo cierto, de corto plazo y muy discrecional en cuanto a su importe. Este incentivo supone una combinación perfecta con una posición funcionarial que otorga una seguridad y estabilidad completa y una retribución aceptable, aunque sea inferior a la de otros países. En otros lugares e, incluso, en otro tipo de instituciones españolas, salvo el CSIC, que cuenta con un mecanismo parecido a las universidades, los incentivos por participar en contratos con la industria no tienen el alcance que ofrecen los contratos art. 83. Sería interesante una comparación entre tipos de instituciones académicas españolas (universidades, centros de I+D, institutos de investigación sanitaria…) con diferentes modelos de incentivos.

Por el contrario, las patentes y sus licencias, aunque pudieran ser más lucrativas, resultan inciertas en el importe, de largo plazo e, incluso, de probabilidad dudosa, pues sólo una proporción minoritaria de las patentes genera ingresos. De este modo, los incentivos por contratos art. 83 modelan el perfil de transferencia de conocimiento de las universidades españolas. Y lo hacen, además, orientando dichos contratos con empresas, por un lado, a actividades de bajo riesgo, como son la consultoría y la formación a medida. Y, por otro, a propiciar que la empresa se quede con la titularidad de la propiedad industrial a cambio de retribuir, a veces de forma ridícula, el tiempo dedicado por los académicos a dichos contratos. De este modo, la universidad no es titular de las patentes que puedan derivar de esos contratos ni se generan licencias de las mismas.

Introducir un cambio en este esquema de incentivos no es sencillo y, seguramente, requiere reformas legislativas profundas, que quizá tendrían que pasar por cambiar el estatuto funcionarial de los académicos y hacerlo más similar al que tienen en otros países. Está por ver si el llamado sexenio de transferencia, recientemente introducido, modificará el patrón de comportamiento mencionado, pero es dudoso que así ocurra.

Otro motivo que puede explicar el menor uso de las licencias para transferir tecnología radica en el perfil de las empresas españolas, con poca capacidad de absorción de tecnología y, consecuentemente, poco dado a adquirir licencias de patentes, y, en particular, en la dificultad para generar y desarrollar empresas spin-off. El informe de AUTM indica que el 70% de las licencias se realizaron a empresas spin-off y, además, comenta que está disminuyendo el interés de las grandes empresas por obtener licencias exclusivas de tecnología, que se plantean cuando la empresa tiene que invertir fuertemente en desarrollo. Estas empresas prefieren comprar empresas pequeñas que sean quienes hayan soportado el riesgo de las fases iniciales de la puesta en explotación de las tecnologías de origen académico. En el caso español, la cifra recogida por REDOTRI-CRUE es que sólo el 22% de las licencias van a parar a este tipo de empresas.

No contamos con datos sobre la proporción de ingresos por licencias que proceden de spin-off. Se suele suponer que estas empresas aportan pocos ingresos porque se las identifica como empresas pequeñas y muchas de ellas no sobreviven. Pero, si se desarrollan, pueden ser realmente grandes[2] y representar una parte relevante de los ingresos por licencias, tanto si vienen por la vía de royalties o de pagos por hitos, como si vienen como consecuencia del capital social que la institución tenga en la spin-off.

Si generamos pocas spin-off, al menos en términos absolutos, y las empresas grandes, de por sí escasas en nuestro entorno próximo, van reduciendo su compra de licencias, el mercado para comercializar tecnologías por esta vía resulta pequeño. El tejido de empresas medianas en nuestro entorno con comportamiento innovador, pese a que sea el mayoritario, es reducido en números absolutos y su cultura sobre patentes es muy baja, como lo demuestra el que sólo hay 5 empresas entre las 10 entidades españoles que más patentes europeas solicitan[3].

A la vista de lo comentado, un incremento del número de licencias por parte de las universidades, y también de ingresos por este concepto, debe venir de una mayor creación de spin-off y, sobre todo, de un mejor desarrollo y crecimiento de éstas. Y ello requiere, entre otras medidas, un mayor tamaño y una mayor actividad y diversidad del tejido inversor. El seed capital, en España, ha sido un actor casi desconocido en los entornos académicos. Una mayor presencia de estos actores estimularía la aparición de oportunidades para emprendedores y para mentores de nuevos negocios. También serían necesarias nuevas medidas de dinamización de la cultura emprendedora orientada a empresas basadas en conocimiento, así como la eliminación de algunas incertidumbres regulatorias respecto a la movilidad de los académicos hacia este tipo de empresas.

El papel jugado por las oficinas de transferencia también podría ser tercer un motivo que explique el escaso resultados en licencias por parte de las universidades. Las OTRI fueron nutridas con personal que empezó siendo contratado con ayudas públicas cuyas dotaciones no permitían contratar personal con experiencia comercial e industrial. Tampoco los mecanismos de selección y contratación universitaria, y mucho menos los de retención de personal, todos ellos enfocados para personal administrativo, ayudaban a incorporar ese tipo de profesionales. Las OTRI se han adaptado a los instrumentos de transferencia de conocimiento que más han utilizado las universidades y para ello han seguido las pautas institucionales que se les han marcado, crecientemente dirigidas a aspectos de control legal, económico y administrativo.

Una reconversión de las unidades de transferencia puede que requiera una modificación de su estatuto legal, como ha ocurrido en Francia con la creación de las SATT[4] o unos cambios en las pautas de gestión de personal no académico, que difícilmente podrían hacerse sin abordar una reforma universitaria en profundidad. En todo caso, probablemente sería poco efectivo un cambio de este tipo en las oficinas de transferencia sin abordar modificaciones que permitan abordar los otros motivos indicados.

Al margen de analizar la situación de las licencias en las universidades españolas, otro elemento a reflexionar de la comparación de los datos de transferencia de REDOTRI-CRUE, ASTP y AUTM es la dispersión de los desempeños en transferencia: por un lado unas pocas entidades acumulan buena parte de los resultados –destacan incluso como outliers- y, por otro, un número amplio de instituciones presentan indicadores nulos o muy bajos. ¿Hay una masa crítica mínima necesaria para abordar la protección y licencia de tecnologías? ¿Es viable mutualizar esta actividad entre varias instituciones? España tiene un sistema universitario muy homogéneo y compacto. Esto, sin duda tiene un valor y permite que en los rankings internacionales España cuente con una proporción de sus universidades mayor que otros países avanzados. Pero es posible que en nuestro sistema falte la flexibilidad que permita más diversidad y, por qué no, algunos outliers, es decir, casos de éxito singulares que generen referencias estimulantes.

Conclusión

La supuesta escasa efectividad del sistema de transferencia de conocimiento de las entidades académicas españolas debe ser muy matizada si se toma en consideración el volumen de financiación de I+D que permite generar el conocimiento a transferir. No obstante, los mecanismos de transferencia basados en licencias de propiedad intelectual e industrial de dichas entidades presentan unos escasos resultados cuyas causas están en los sistemas de incentivos a los académicos, el comportamiento empresarial en relación a la propiedad industrial, el pequeño tejido inversor en spin-off y, en menor medida, la configuración de las oficinas de transferencia. Afrontar estas causas para mejorar sustancialmente estos resultados requiere modificaciones profundas en el sistema español de innovación.


[1] El art. 83 de la Ley Orgánica 6/2001 de Universidades posibilita a los profesores realizar contratos con empresas u otras entidades a través de la universidad y a recibir una remuneración derivada de los mismos

[2] Ver el palmarés de spin-off de Stanford en https://web.stanford.edu/~learnest/spin/Spinoffs.html

[3] European Patent Office Annual Report 2018. Ver noticia en http://www.oepm.es/es/sobre_oepm/noticias/2019/2019_03_13_InformeAnual2018OficinaEuropeaPatentes.html

[4] Ver https://www.satt.fr

[1]Informe sobre la Ciencia y la Tecnología en España (2017), Fundación Alternativas

[2] World Intellectual Property Statistics 2018, WIPO

[3] European Innovation Scoreboard 2019, European Commission

[4] Global Competitiviness Report 2017-2018, World Economic Forum

[5] Ver www.fundacioncyd.org y www.iune.es

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