Perfiles profesionales en gestión de la innovación

Conforme se dirigen a la innovación los esfuerzos de empresas, instituciones académicas y gobiernos se pone de manifiesto que los procesos de convertir los resultados de la investigación en productos y procesos en el mercado son difíciles y complejos. Requieren inversión y requieren profesionales que los sepan conducir. La gestión de la innovación se ha convertido en un ámbito de actividad cada vez más importante y que se extiende desde la concepción de programas de I+D en una administración pública hasta el lanzamiento de un producto nuevo por una pyme.

¿Es, entonces, la gestión de la innovación una nueva profesión, al igual que pueda ser la gestión financiera o la de recursos humanos? No creo que debamos considerarlo así. Es un ámbito de actividad, como lo pudieran ser los sectores educativo o sanitario. En éstos confluyen diversidad de profesionales: en el sector salud médicos, enfermeros, auxiliares, gestores; en el educativo profesores, psicólogos, licenciados, gestores…

En el ámbito de la innovación también hay diversos perfiles profesionales. Por mencionar algunos de ellos, podemos considerar que trabajan en innovación los gestores de programas de I+D, los investigadores, los gestores de proyecto, los directores de I+D, los ingenieros de producto, los desarrolladores de negocio, los agentes de patentes, los consultores de tecnología, los inversores en start-up. Podríamos decir que cada uno es una profesión, con sus competencias básicas como economistas, juristas, ingenieros, científicos de todas las disciplinas, financieros, gestores, marketing, etc. Pero, también, en la medida que parte de la cadena de innovación, todos ellos deben tener competencias comunes en cuanto al “asunto” que manejan. Tal asunto es el conocimiento. Algo que, ciertamente, se percibe como etéreo, poco tangible. Pero no por ello deja de tener sus características propias.

Trabajar con conocimiento precisa algunas competencias comunes en todos los que intervienen en el ámbito de la innovación. Requiere conocer los principales aspectos del sistema de innovación (legislación, instituciones, indicadores). Requiere conocer los instrumentos básicos de producción del conocimiento (método científico, proyectos, tesis), de su difusión (publicaciones, repositorios, foros), de su apropiación (patentes, derechos de autor), de su transferencia (licencias, contratos).

Organizaciones de conocimiento, como son las universidades, deben dotarse de profesionales de la innovación. ¿De todo tipo de profesionales? Seguramente, no. Nadie discute que requiere investigadores o personal técnico que maneje los equipos. Posiblemente, también habría consenso sobre que una institución académica no requiere ingenieros de producto, pues parece una función netamente del sector empresarial.

Sin embargo, sí que parece razonable –y cada vez lo manifiestan más voces- que universidades y centros de investigación cuenten con otros profesionales de la innovación como son los gestores de proyecto, los promotores de tecnología, los técnicos de protección de conocimiento, los jurídicos de contratos de transferencia e incluso los desarrolladores de negocio. Comienzan a dejar de ser recursos externos a subcontratar.

La plasmación de estos perfiles en las plantillas de estas instituciones corre el riesgo de confundirlas todas ellas en una función general de personal de gestión de la I+D. Esa confusión es un error y tiene como consecuencia la fagocitación de todos los perfiles por las funciones de gestión y administración de proyectos. Así está sucediendo en muchas universidades y centros de I+D con sus OTRI.

Mantener diferenciados los perfiles orientados a la función relacional y comercial con empresas, a las tareas de desarrollo de negocio, incluso a la protección del conocimiento es un reto para las instituciones académicas que deben abordar sus dirigentes. Reto aún mayor es que hubiera que agregar masa crítica mediante la colaboración de varias instituciones para contar con los perfiles profesionales necesarios. Y también es un reto encontrar la fórmula estructural en que organizar estos recursos profesionales, pues no parece que un servicio interno de gestión formado haya resultado la mejor fórmula para su desempeño.

Considero que deberemos promover que en universidades y centros de investigación se reconozca que hay diversos perfiles necesarios en el quehacer de estas instituciones en materia de innovación, que habrá que ir dotándoles de carrera profesional y que deberá revisarse la configuración orgánica que adopten estas estructuras.

Fernando Conesa
Director Adjunto del CTT de la Universitat Politècnica de València
Presidente de la Asociación de profesionales de transferencia, innovación y gestión de la investigación, RedTransfer

Comments
  1. Laura Buguñá

    Hola Fernando,
    yo pienso que sí que se debe de considerar a los gestores/directores de innovación un perfil profesional propio, de hecho una mirada a nivel europeo y global lo corrobora. La situación es algo diferente en entidades con ánimo de lucro que sin ánimo de lucro, tal vez en entidades sin ánimo de lucro el perfil es menos diferenciado y perfiles muy diversos gestionan la innovación.

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