Importa más la interacción con empresas que las patentes

Hay opiniones de algunos que se instalan en el subconsciente colectivo y toman el carácter de axioma aceptado por todos. Uno de ellos viene a decir, más o menos, que España está bien en investigación y mal en transferencia de tecnología. Cuando se pregunta en qué se basa esa supuesta verdad se acude, en cuanto a investigación, a las cifras contrastadas de producción científica (por ejemplo, la Web of Science) que, además, permiten apreciar el papel destacado de las universidades. Cuando hablamos de transferencia de tecnología, suele acudirse a cifras de registro de patentes (por ejemplo, WIPO) o de ingresos en universidades por licencias de patentes (RedOTRI) . Según éstos, España es un país cuya posición en el ranking de patentes es sensiblemente peor que en el de publicaciones.

Pero, ¿son las patentes o las licencias el indicador adecuado para hacer una valoración sobre el estado de la transferencia de tecnología en el sistema público de investigación? La respuesta es NO. Es como si midiéramos la calidad del fútbol de un país por el número de campeonatos del mundo que ha conseguido. Si ha ganado muchas veces, seguro que tiene buen fútbol. Pero otros países, que no cuentan en sus vitrinas con tal trofeo, quizá tengan un juego excelente.

La transferencia de tecnología tiene su origen en el comercio de patentes por parte de las empresas. Con la sociedad del conocimiento y la información, la investigación académica de universidades y centros de investigación está dando lugar a innovaciones de alto interés económico y social. La transferencia ha pasado a ser un asunto relevante de este tipo de entidades, si bien con algunos rasgos particulares, pues en realidad generan más conocimiento que tecnología.

Las características específicas no dependen sólo del tipo de entidad que son las instituciones académicas. También hay un peso importante del entorno legal e institucional en el que se desenvuelven a nivel de país, de su Sistema Nacional de Innovación. En EEUU, el país de referencia en transferencia de tecnología de las universidades, éstas consideran el Bayh Dole Act (1980), que otorga a las mismas la titularidad de los resultados de la investigación que hacen con fondos federales, como un hito que impulsó el desarrollo de la transferencia de tecnología. Muchos países del mundo han ido introduciendo esta medida en sus legislaciones como forma de propiciar la transferencia de conocimiento de sus universidades. En España, esta medida existe desde la Ley de Patentes de 1986 y apenas ha tenido impacto.

Sin embargo, el art. 11 de la Ley de Reforma Universitaria de 1983, continuado en el art. 83 de la Ley Orgánica de Universidades de 2001, es el hito clave al que referir la transferencia de conocimiento en España, porque posibilita incentivos relevantes por la venta de conocimiento generado por los profesores universitarios y obliga a que esto se haga a través de la institución. En otros países, la legislación permite que tal venta se haga al margen de ésta.

De este modo, en una universidad española, cuando se habla de transferencia de conocimiento, se piensa principalmente en los contratos art. 83 de la LOU, no en los contratos de licencia de patentes. Y, realmente, se puede encontrar transferencia de conocimiento en dichos contratos. No porque haya patentes, sino porque la empresa suele obtener derechos exclusivos de explotación (e incluso de titularidad) sobre los resultados a los que dan lugar los trabajos objeto de esos contratos.

Al diferente marco legal hay que añadir el contexto institucional e incluso cultural para entender comportamientos diferentes en la manera de hacer transferencia de conocimiento. Con empresas y mercados grandes, una cultura sobre propiedad intelectual muy asentada y una oficina de patentes muy potente como ocurre en EEUU, los mecanismos de transferencia de tecnología son diferentes a los que se dota un entorno poblado por empresas pequeñas, de mercados fragmentados y con sistema de patentes débil y caro.

Así, si queremos arrojar luz a la transferencia de conocimiento que tiene lugar en nuestras instituciones académicas es necesario poner de manifiesto los rasgos particulares que tiene nuestro sistema. Y, conforme al mismo, establecer y/o obtener indicadores que nos permitan conocer los flujos de transferencia. Las patentes y sus licencias son, sin duda, indicadores de transferencia. Las universidades americanas hacen fuerte uso de este mecanismo y han sabido visibilizarlo a través del “Licensing Survey” de AUTM, seguido por asociaciones de transferencia en muchos países. Las licencias expresan la transferencia que se basa en resultados de investigación.

Pero también es un indicador de transferencia la colaboración con la industria en I+D y en consultoría avanzada. En este caso, el indicador expresa la transferencia que tiene lugar en base a las capacidades. La OCDE ofrece una aproximación al mismo al proporcionar en sus estadísticas el volumen de financiación privada a la actividad de I+D de las universidades. No hay más que poner juntos estos dos indicadores de output y referirlos al input que supone el gasto en I+D para apreciar las diferencias en los sistemas de transferencia de conocimiento de cada país.

España Europa Estados Unidos
Gasto de I+D en universidades (1) 3.200M€ 13.600M€ 47.000M€
Financiación por la industria de la I+D universtaria (1) 400M€
(12,5%)
937M€
(6,9%)
3.100M€
(6,6%)
Ingresos por licencia (2) 2,5M€
(0,08%)
201M€
(1,5%)
1.900M€
(4,0%)

Fuentes:
(1)     OCDE (2011)
(2)     RedOTRI (65 universidades, 2011), ASTP-Proton (99 universidades, 2010), AUTM (186 univ., 2011)

El cuadro muestra que la transferencia en España se basa casi exclusivamente en la interacción con la industria; mucho más que en las licencias. En EEUU las licencias tienen un peso muy importante, pero la financiación de la investigación por la industria, ausente hasta hace poco del discurso sobre transferencia de las universidades americanas, también genera más ingresos que las propias licencias. La situación del conjunto de Europa está en un punto intermedio entre España y Estados Unidos. Hoy se escucha con frecuencia en EEUU la conveniencia de migrar hacia un modelo de transferencia más ligado en colaboración que en licencias, precisamente el modelo más desarrollado en Europa y, curiosamente, en España. Y es que, salvo para algunos sectores económicos muy basados en ciencia, los mecanismos basados en la interacción investigación-empresa son mucho más efectivos que los basados en la licencia.

La transferencia de conocimiento es, como el conjunto de la innovación, un fenómeno muy ligado al contexto en el que tiene lugar. La vara de medir la transferencia es diferente en EEUU y en Europa y, sobre todo, en España. Los que emiten un juicio negativo sobre el estado de la transferencia en España deben matizar sus afirmaciones, porque nuestra posición es mala si utilizamos las licencias de patentes como medida de la transferencia. Pero no tenemos un mal desempeño si medimos la interacción con la industria, al menos en comparación con otros, según arrojan los datos.

Otra cosa es que haya un estado de opinión negativo o insatisfactorio sobre la transferencia de tecnología en España, como confirman diversos estudios. Pero ello deberá ser objeto de un análisis diferente.

Fernando Conesa
Director Adjunto del CTT de la Universitat Politècnica de València
Presidente de la Asociación de profesionales de transferencia, innovación y gestión de la investigación, RedTransfer

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