25 años de oficinas de transferencia en España

La evolución de una actividad profesional

Hace 25 años se ponía en marcha el programa ministerial que promovió en España la creación de las oficinas de transferencia de resultados de investigación (OTRI). Al cabo de este tiempo, varios miles de personas han pasado por estas unidades que se establecieron para dar cauce a la relación en I+D entre centros de investigación y empresas y procurar que la investigación pública que por fin comenzaba a apoyarse tuviera mecanismos de verter a la sociedad sus resultados.

Aunque la transferencia de tecnología era una actividad conocida en algún sector del mundo empresarial (empresas españolas producían con licencia de patentes de empresas extranjeras), lo que se buscaba con la función de las OTRI era mucho más que patentar una invención y licenciarla. Por ello, como actividad profesional apenas tenía precedentes y resultaba bastante inespecífica. Hacían falta personas todo terreno, que teniendo una formación superior que les permitiera interactuar con los investigadores, tuvieran capacidades en materia legal, comercial y de gestión para un tipo de producto intangible muy particular: el conocimiento que procedía de la investigación.

Las OTRI arrancaron con dos cursos organizados por el Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología (CICYT) de la época entre final de 1988 y comienzo de 1989. La formación, primero promovida desde la CICYT mediante cursos hasta 1996, organizados por la Oficina de Transferencia de Tecnología de la Secretaría General del Plan Nacional de I+D, dirigida por Luis Oro,  y posteriormente RedOTRI Universidadesimpulsada de forma especial y con diferentes mecanismos por la RedOTRI de universidades, ha supuesto un esfuerzo sostenido y creciente digno de reconocimiento. Se trataba de una actividad de la que se sabía poco en nuestro país y que, con el tiempo,  ha revelado ser particularmente compleja y con necesidad de especialización, de competencias transversales y de interdisciplinariedad entre aspectos científicos, tecnológicos, legales y de negocio.

Hoy se entiende la transferencia de conocimiento como un sector de actividad en el que intervienen profesionales de formación diversa, pero con elementos comunes en torno a la gestión de conocimiento, desde su generación hasta que se pone en uso por empresas u otro tipo de entidades. En esta línea, la Alliance of Technology Transfer Professionals, constituida por las principales asociaciones de transferencia de conocimiento del mundo, ha puesto en marcha un mecanismo de reconocimiento profesional internacional  cuya validez debería ser considerada en nuestro país.

Mucho se ha hablado en España del papel de las OTRI, normalmente entre una línea crítica por no haber conseguido más y otra agradecida por haber tratado de dar respuesta a los avatares de una gestión de la I+D+i laberíntica. Visto en perspectiva de cómo se ha desarrollado este sector en otros países,  podríamos decir que el resultado que hemos tenido es el esperable para las características estructurales e institucionales de nuestro país: Poco recorrido en investigación, que ya ha proporcionado producción pero no relevancia en número suficiente todavía;  financiación pública cargada de burocracia y presa de los imperativos de control de gasto; insuficientes empresas con capacidad de absorción de resultados de investigación y escasa cultura empresarial en propiedad industrial y en innovación; e incentivos económicos a la transferencia sesgados a la consultoría y a la colaboración con empresas en actividades de bajo perfil en generación de conocimiento.

La mirada hacia el futuro muestra retos enormes, teniendo en cuenta el deterioro en el sistema de I+D, con menos efectivos para investigar y transferir y la destrucción de tejido empresarial por la crisis. En relación a la actividad de transferencia,  es preciso ganar en productividad, simplificando mecanismos de propiedad industrial y de transferencia de conocimiento y disminuyendo los costes de coordinación derivados de la proliferación de unidades que ha habido en el pasado reciente. Y, por otro lado, resulta urgente apoyar la creación de tejido empresarial innovador y sus posibilidades de crecer.

No obstante, la productividad y la eficiencia que se consigan no podrán ocultar los altos costes que tiene el proceso de transferencia de conocimiento y que ya no gozarán del apoyo público con el que han contado anteriormente. Éste es un hecho que debe ser reconocido, especialmente en el entorno académico, no siempre consciente de lo que representan los costes de desarrollo, de gestión y de comercialización.

Se requerirá un reequilibrio, no fácil de definir, entre profesionales generalistas y otros altamente especializados. Ambos deberán desarrollar su carrera profesional y disponer de un entorno de interacción e intercambio entre ambos, bien conectado internacionalmente. Facilitar estos objetivos será la principal aspiración de la asociación RedTransfer.

Fernando Conesa
Presidente de la Asociación de Profesionales de Transferencia, Innovación y Gestión de la Investigación, RedTransfer

Comments
  1. Estimado Fernando,
    Es muy ilusionante pensar que mediante RedTransfer podamos contribuir a revitalizar y mejorar las estructuras de transferencia de universidades y otras instituciones públicas. Es el momento de no solo facilitar la interacción entre nosotros sino ayudar a estructurar un debate necesario sobre la TT en España.
    Me da la impresión de que el análisis de lo que ha ocurrido estos últimos años es variado, y que no existe un modelo de referencia compartido sobre hacia dónde ir.
    Tú propones varios objetivos concretos (simplificar mecanismos de IPR, disminuir costes de coordinación / número de unidades, apoyar la creación de tejido empresarial), y creo con RedTransfer tendríamos que poder generar argumentos para confirmar varios o todos estos objetivos como acertados. Como aportación en este sentido, de plantear una reflexión sobre estrategias, déjame escribir aquí algunas de mis opiniones más ‘apasionadas’ después de todos estos años de actividad variopinta:
    i. Basar la transferencia en programas de oferta es un error. Sobre todo la oferta pasiva pero también veo bastante inútil la oferta activa. En la práctica lo que da (algunos) resultados es la construcción de demanda o ventas a largo plazo con nuestros clientes.
    ii. La transferencia de tecnología es una profesión diferenciada en sí misma. La extensión con funciones de transferencia de perfiles de investigación o de gestión de proyectos es insuficiente y equivocada si no se apoya en expertos en transferencia y desarrollo de negocio. Existe un perfil profesional específico de transferencia.
    iii. Los mecanismos de retorno de beneficios económicos de la transferencia (licencias, capital social) tienen que ser más simples y directos para las instituciones y personas involucradas. Deberíamos tener una entidad ‘paraguas’ a nivel regional o nacional que estableciera un marco simple y común. A mí en particular me gusta el modelo israelí, con una estrategia nacional e instrumentos homogéneos, pero hay variantes (Karolinska , Imperial) para estudiar más efectivas que la situación actual de fragmentación y rigidez española.
    iv. El apoyo o incubación dirigida a la creación de empresas aporta un valor añadido bastante limitado. Lo más útil, y difícil, es diseñar instrumentos de apoyo al crecimiento de las que han superado la fase semilla.

    Son temas para discutir dedicando tiempo y gente que sepa. Espero que con RedTransfer podamos cultivar un marco de crítica para éstas y todas las reflexiones necesarias sobre el futuro de las OTRIs.

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